Las varas de Jacob Entonces Jacob tomó varas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y les hizo rayas blancas, dejando al descubierto la parte blanca de las varas. Colocó las varas que había pelado frente a los rebaños, en los abrevaderos —es decir, los lugares donde los rebaños iban a beber—. Y como se apareaban al ir a beber, los rebaños se reproducían frente a las varas, dando así crías rayadas, moteadas y manchadas. (Génesis 30:37-39) Para marcharse de casa de Labán, Jacob acordó cuidar sus rebaños y recibir como salario todas las cabras moteadas o manchadas y los corderos de color oscuro. Entonces Labán apartó de sus rebaños todos los animales de esas características, de modo que cualquier recién nacido fuera exclusivamente blanco; así, Labán no tendría que pagarle nada a Jacob. Jacob colocó entonces las ramas peladas junto a los abrevaderos. Al tener esas varas ante la vista, las cabras y corderos blancos engendraron crías rayadas, moteadas y manchadas. Parecía imposible. Sin embargo, en el libro de Números se describe algo similar. Cuando Moisés guiaba a Israel por el desierto, el pueblo se impacientó y habló contra Dios y contra Moisés. Entonces Dios envió serpientes venenosas entre ellos; estas mordieron a la gente y muchos israelitas murieron. El pueblo suplicó a Moisés que orara a Dios por ellos. Dios respondió de la siguiente manera: Y el Señor dijo a Moisés: «Haz una serpiente ardiente y ponla sobre un asta; y todo el que sea mordido y la mire, vivirá». Así que Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y si una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y vivía. (Números 21:8-9) La gente sanaba con solo mirar la serpiente de bronce sobre el asta. No solo sanaban de la herida externa, sino también del veneno interno. En el Evangelio de Juan se dice lo siguiente: Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree tenga vida eterna. (Juan 3:14-15) Quizás no sepamos cómo obtuvo Jacob el conocimiento para transformar aquellas ovejas, pero por fe sabemos que podemos ser salvos y transformados con solo mirar a Jesús en la cruz. No solo seríamos transformados, sino que también recibiríamos vida eterna. Sin importar quiénes seamos ni lo que hayamos hecho, si creemos en Jesucristo y ponemos nuestra mirada en Él, seremos salvos y transformados. Emanuel. (Para volver, seleccione <- en la barra de herramientas)